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viernes, 13 de agosto de 2010

ENCUENTRO DE ALMAS






A la misma hora

de” ese” día de la semana

en el club de “ese” barrio

ellas van llegando.

Cada una con sus pesares y sus mochilas

se encuentran ,

se sonríen,

se abrazan ,

se dan palmadas de risas

y cuando todas ya arribaron

dan inicio al encuentro de almas.

Se sientan en circulo,

“ para que la energía no se escape” dicen

Rostros con pasado

con arrugas de vida

con dolores ya cicatrizados,

a veces con heridas aun dolientes

Pero todas y digo TODAS

mientras dura ese tiempo de encuentro

se abren como libros de vida,

Condimentando esa sopa

que con las vivencias arrobadas

cada una ira ofreciendo

mientras trascurre la cita

entre risas y lagrimas.

quejas , suspiros

aplausos y abrazos.

El tiempo no se detiene

la reunión llega a su fin

todas se levantan

se vuelven a abrazar

con la certeza de que han dado y recibido

el mas hermanado amor

y con palmadas de risas y bochinches

cada una se despide hasta la próxima semana,

llevándose consigo

capital de oro,

que iran procesando y deglutiendo

en lo que resta de la semana .



M.KLEIN

AGO 10

viernes, 16 de julio de 2010

Conociéndolos....Amir Valle









Hoy en nuestro espacio Conociéndolos....hablaremos y leeremos a AMIR VALLE.


Periodista, publicista, escritor y crítico literario. Nacido en Guántamo, Cuba, el 6 de enero de 1967.

Escribió novelas, ensayos, cuentos.

Entre sus novelas se destacan : "Largas noches con Flavia" ( 2008), "Tatuajes" ( 2007), "Las palabras y los muertos"( 2007).

Obtuvo varios premios literarios en su país y en otros como Alemania, República Dominicana y Colombia.

Y ahora sin más palabras comparto con los lectores de Bruges un cuento de Amir Valle para que cada uno lo disfrute y lo juzgue.


Abuelo en dos tiempos de Amir Valle.


A Ceferino, abuelo, cazador de improvisos.

Aquel día la muerte salió de caza. Lo supe porque el abuelo se puso a hablar de lo que nos esperaba en el más allá. Afuera soplaba un viento fuerte y la lluvia limpiaba los tejados. Nadie podía dormir por el ruido de los cines del techo y por la lloradera que mi hermanita de meses for mó. El caso es que la noche estaba sobre nosotros y en casa todos los ojos seguían abiertos. El abuelo no paraba de hablar de almas errantes y del infierno o el cielo, qué sé yo. Entonces fue que dijo lo de la muerte y me quedé tranquilo, oyendo sus cosas. Decía que se transformaba en todo, que iba siempre buscando inquilinos para su morada y sobre todo recuerdo haberle oído decir: "le gusta cazar de noche cuando llueve y hay viento fuerte".
Sentí un escalofrío que me iba ahogando, tuve que toser fuerte para sacarlo de allí; cuando solté el aliento, olía a tumba.
-El frío de la muerte está en todas partes -vol vió a decir y quedó mirando al techo; yo también miré; un ratón corría allá arriba por las vigas.
La muerte apareció por casa a eso de las dos, cuando los ojos no aguantaban más y los parpa dos se venían abajo al menor descuido. La sentimos caminar por el patio. Tobi empezó a ladrarle. Ninguno había abierto la boca hasta que el abuelo se puso de pie y, sacando el machete quo él mismo había colgado en la pared, dijo en voz alta, como para que lo oyeran de lejos:
-A mí nadie me va a coger así tan fácil, carijo; a lo que aparezca le arranco la cabeza.
Parece que la muerte lo oyó; enseguida se sintieron pasos que se alejaban. Abuelo abrió la puerta. "Se fue", dijo y soltando el machete se tiro en la cama; al poco rato roncaba.
Por la mañana se supo en el pueblo que alguien había rondado las casas durante la noche. Abuelo dijo que era la muerte. Lo miré con burla. Luego pasó otro diciendo que un borracho había amanecido muerto con su cosa afuera.
-A ese la muerte lo sorprendió cuando iba a orinar bajo el aguacero y como no tenía más nada se lo llevó.
Yo me reí al oírlo, me miró fijo, muy serio y tuve que callarme; me había visto la noche pasada esconderme bajo las sábanas, cuando dijo que la emisaria del otro lado andaba cerca.
La calma volvió con los días. Ya nadie en el pueblo hablaba de lo que había pasado; nadie, exceptuando al abuelo. Como todas las tardes, se sentaba en el portal y a menudo decía: "la muerte acecha, esto es solo una tregua para coger fuerzas". Aquella tarde había fiesta en el pueblo y entonces le oímos decir: "Hoy viene, hay carne en la olla".
Por la noche Mamá no nos dejó salir y para matar el tiempo nos sentamos a oírlo monologar. Volvió a hablar del más allá y de todo eso, supe que la muerte andaba cerca. Al rato vi pasar rumbo a la plaza, entre la gente, una señora muy elegante y altiva, pero con unos ojos absurdos, como de hielo; al pasar se quedo mirando al abuelo y sonrió. "Ahí va", le oímos decir.
-¿Quién es? -preguntaron mis hermanitos. Yo no tuve que hacerlo.
Seguro que esa noche quedó contenta. Dos hombres se machetearon por una señora elegante, decía la gente del pueblo; y la noche festiva del otro mes, lo mismo, porque otros tres aparecieron en un callejón tan llenos de ron que hubo que vaciarlos porque como estaban "ni los gusanos les meten mano", había dicho el sepulturero.
-Hoy vendrá la muerte -dijo el abuelo desde la cama. En la cocina Mamá lloraba y en la sala el doctor meneó la cabeza ante la pregunta de Papá; luego se fue, dejándonos en la nariz un fuerte olor a inyecciones y alcohol. Yo estaba acostado en el piso, cerca de la cama del abuelo; miraba las telarañas del techo; cuando lo oí mencionar aquello salí del cuarto y me quedé afuera, con ganas de coger el machete colgado en la pared para no dejar que viniera.
Yo miraba con el rabillo del ojo al abuelo, a través de la puerta abierta, cuando la vi llegar, pero sin saber que era ella. Estuvo parada en la ventana un rato; luego se posó en la cama y empezó a arrullar. Hubo un momento en que se quedó mirándome y yo veía aquella paloma parada allí; pensaba en la alegría que sentiría el.
-Espántala -dijo Mama, que la vio al pasar rumbo al patio. Quise cogerla y me levanté. Cuando llegué, la paloma se había posado en el cobertizo del corral. Mala suerte, me dije, pero al fijarme en sus ojos absurdos, "como de hielo", recordé; miré al abuelo y un cosquilleo húmedo comenzó a molestarme en los ojos.


FUENTE: www.amirvalle.com

GRACIELA AMALFI.

viernes, 7 de mayo de 2010

Un poema del Neruda para recordar en "esos" dias en que se siente la noche...


Oda a la vida , Neruda

La noche entera
con un hacha
me ha golpeado el dolor,
pero el sueño
pasó lavando como un agua oscura
piedras ensangrentadas.
Hoy de nuevo estoy vivo.
De nuevo
te levanto,
vida,
sobre mis hombros.

Oh vida, copa clara,
de pronto
te llenas
de agua sucia,
de vino muerto,
de agonía, de pérdidas,
de sobrecogedoras telarañas,
y muchos creen
que ese color de infierno
guardarás para siempre.

No es cierto.

Pasa una noche lenta,
pasa un solo minuto
y todo cambia.
Se llena
de transparencia
la copa de la vida.
El trabajo espacioso
nos espera.
De un solo golpe nacen las palomas.
Se establece la luz sobre la tierra.

Vida, los pobres
poetas
te creyeron amarga,
no salieron contigo
de la cama
con el viento del mundo.

Recibieron los golpes
sin buscarte,
se barrenaron
un agujero negro
y fueron sumergiéndose
en el luto
de un pozo solitario.

No es verdad, vida,
eres
bella
como la que yo amo
y entre los senos tienes
olor a menta.

Vida,
eres
una máquina plena,
felicidad, sonido
de tormenta, ternura
de aceite delicado.

Vida,
eres como una viña:
atesoras la luz y la repartes
transformada en racimo.

el que de ti reniega
que espere
un minuto, una noche,
un año corto o largo,
que salga
de su soledad mentirosa,
que indague y luche, junte
sus manos a otras manos,
que no adopte ni halague
a la desdicha,
que la rechace dándole
forma de muro,
como a la piedra los picapedreros,
que corte la desdicha
y se haga con ella
pantalones.
La vida nos espera
a todos
los que amamos
el salvaje
olor a mar y menta
que tiene entre los senos.

martes, 27 de abril de 2010

Ellas...


Palabras....paroles...


Palabras que me inundan la cabeza

Palabras de amor, crueles, eternas

Las que reflejan una a una mis emociones

A veces no las encuentro…

Palabras que abren puentes,

que rompen muros .

Las buscos entre mis recuerdos, en mis vivencias

Y no las encuentro…

Y otras veces aparecen así de golpe, asustando mi hacer cotidiano

sin dudarlo

las llevo conmigo hasta volcarlas en algún en papel

Y las dejo atrapadas ahí por un buen rato

Otras veces se me vuelven a disparar…

Todas ellas son toda yo

En todas los idiomas, en todos los dialectos

Ellas siempre presentes

Todo el tiempo nos buscamos desesperadamente

como ardientes amantes

en eterna fruición

Palabras, paroles, palabras…,


M.K

abril 10

miércoles, 3 de marzo de 2010

TIEMPOS...


Sentir que el alma te vuelve con un solo aroma,
sentir que la garganta se cierra con tanto dolor,
saber que no importa lo que te digan
lo que piensen, lo que crean…
Solo pensar en aquel instante, en ese segundo captado,
tan solo eso me hace volver…
volver a creer, volver a sentir, volver amar.
Que importa el pasado?
El tiempo es presente...
el tiempo es hoy y tú estas conmigo.


M:K
mar 10

miércoles, 24 de febrero de 2010

A todos los que somos padres en algun momento nos atraveso...



INCONDICIONAL





Tarde de febrero

calor, humedad, aturdimiento

mil preguntas

milagrosas respuestas…

Me vi en tus ojitos.

que aun te costaba abrir

me encontré en tu llanto,

repare en tu arrullo

simplemente te sentí.

Advertí que tus deditos alborotados

me buscaban

para moldearse en mi.

Mirándote embelesada

te respondí con la voz entrecortada de llanto

“para siempre estaré”

y así ha sido…

….aun es así

Desde aquella tarde de febrero

el tiempo se me diluyo entre las manos

Mientras te miro,

te escucho,

te siento,

Me sorprendo con verte crecer,

con el cambio de tus rasgos,

la transformación de tu apariencia

Y aun así…

el “ para siempre estaré”

vive invulnerable en los dos.


m.k

sábado, 20 de febrero de 2010

Mi hermano mayor






ESPACIO DE CUENTOS...



Los invito a leer otro de mis cuentos.



Agradezco la participación en imágenes a Manuel ( mi sobrino) y Facundo ( mi hijo).







Mi hermano mayor.


Me fui caminado despacio, silbando y con las manos en los bolsillos del pantalón, como me gustaba.
El se quedó ahí sentado en el banco de la plaza que un rato antes yo había elegido. Ni me miró cuando me iba.
Mi recorrido comenzó por la calle Juramento, entré en la heladería de la esquina. Pedí un enorme helado de chocolate. Me senté tranquilo. Lo saboreé todo con muchas ganas. Me sentía feliz. Libre. Solo.
Salí del lugar silbando una de mis canciones preferidas. Caminé por la avenida Cabildo. Entré en un ciber, me puse a jugar.

Mi hermano era diez años mayor que yo. Tenía una discapacidad mental incurable, según oí desde chico. No había terapia, ni rehabilitación para su mal. Su mal que mis padres lo derivaron en mí. Yo era el “normal”, debía cuidarlo, sacarlo a pasear, protegerlo.
Mi cruz se me hacía muy pesada. Es que mis padres no entendían que yo sólo tenía catorce años, que tenía derecho a las salidas con mis amigos, con alguna chica. No, no lo entendían.
Se estaba haciendo de noche. Mis bolsillos ya no tenían monedas ni el billete que me había dado la abuela Irene. Debía regresar a casa, pero no podría hacerlo sin él.
Decidí no volver. Empecé a pedir monedas a la gente que transitaba por el lugar. Algunos me daban, otros me miraban con desprecio.
Me acerqué a un hombre que estaba sentado en la vereda justo enfrente del complejo de cines. Le pregunté si podía pasar la noche ahí. Me contestó que sí. El hombre tiró unos diarios y una manta blanca sobre el piso y me dijo que durmiera arriba de ellos.
Cerré mis ojos como nunca para entrar rápido en mi sueño. No quería despertar.
Apenas podía imaginar lo que habría pasado con él. Lo que estarían pensando mis padres. Sólo me preocupaba la abuela .Ella era la única que reparaba en mí.
Esa noche soñé mucho y largo.
Esa noche en la calle no estuvo nada mal.
Esa noche marcó mi vida.
Esa noche, por primera vez, supe lo que significaba la culpa.

Graciela Amalfi- 11-12-09

sábado, 16 de enero de 2010

Va aqui un homenaje a mi padre que ya hace un año que se fue...




Un año…tan solo y tanto
… ¿un año?
lacerante, desgarrado, árido
Un año… ¿que es un año?
Es infinito cuando se mide desde la ausencia
Cuando se siente la falta de abrazo
Cuando una sonrisa ya no te ilumina,
Cuando el brillo de aquello ojos
que solía regalar al mirarte
ya no esta mas
Eso es un año…
Es sentir que pasan los momentos, los días, las estaciones
Es sentir que la vida sigue,
Que la vas transitando …
Pero esa ausencia se nutre de sus recuerdos, de sus palabras
de sus gestos.
Y uno sigue, ahí, como un niño, tanteando como es…
Y descubre que efectivamente sigue, avanza, transita, llora, recuerda, se rie, y por momentos hasta se siente feliz
Y ahí, en ese instante ,
como el hielo de las altas montañas cuando el sol lo derrite,
cae estruendorosamente
y se da cuenta que esa pena
siempre nos estará acompañando .

M.K
Ene 2010

martes, 12 de enero de 2010

El regalo de cumpleaños.










Hace unos días nomás a raíz de las fiestas navideñas y de Reyes hemos recibido uno, dos o varios regalos por parte de aquellos que nos quieren.





Aquí va mi obsequio para cada uno de nuestros lectores.





Este cuento lo escribí el año pasado y ha sido publicado en una Antología de Cuentos llamada "Tatuajes del alma" en setiembre de 2009 por la editorial Creadores Argentinos. http://www.creadoresargentinos.com.ar/





Ahí va...










El regalo de cumpleaños.

Un día de verano, justo el día del cumpleaños de Martín, el tío Horacio decidió mandar un regalo enorme. Enorme, extravagante, inmenso.
Martín y mis hermanas se acomodaron de forma antagónica y egoísta alrededor del trofeo. Papá lo abrió con sutileza, sin piedad, dejando caer su sonrisa ante la sorpresa de los chicos. Sorpresa respirada con la astucia de chicos absortos y mudos y petrificados.
El papel era delgado, suave, vulnerable. Una mano habilidosa había dibujado en ese pedazo de hoja monos de colores, murciélagos acobardados ante el sol, golondrinas sin alas para escapar.
Martín y mis tres hermanitas y papá, no pudieron dejar de admirar el zoológico desplegado ante sus ojos. Y todavía faltaba lo mejor, lo que estaba adentro de ese matorral de fieras.
El cortaplumas brillante y afilado y quebradizo y lustroso comenzó a caminar por el papel, lo atravesó, lo enterneció hasta que la muerte vino por él.
El envoltorio crujió ante nosotros. Se oyó el crash emitido con un grito sin forma deslizándose en los pies de papá.
Y al fin apareció el objeto, el que al principio llamamos extravagante y enorme. De verdad era enorme y extravagante.
Deslumbró ante los ojos de Martín y de mis tres hermanitas y de papá: una locomotora de tamaño diez veces menor a una real. Hasta el silbato era verdadero. Sonaba tan fuerte que nos aturdió.
¡Qué susto y qué sorpresa al mismo tiempo! Uf, al fin estábamos cara a cara al misterio. Misterio de niños, de niños con inocencia que volaba, volaba subiendo y bajando la superficie del papel, papel de regalo con olor a picardía.

Martín subió al vehículo y empezó a dar vueltas por todo el lugar. El vehículo que rodaba y jugaba y naufragaba y quería más.
Su ruido, su humo, su olor, eran iguales al ruido, al humo y al olor que escupía la vieja locomotora que estaba en el museo del pueblo. La vieja locomotora en la que papá y el tío Horacio viajaron alguna vez. La locomotora que además de vieja estaba arrugada por el abandono.






Graciela Amalfi.

jueves, 31 de diciembre de 2009

un poema del "Maestro" para compartir

Final de año
Jorge Luis Borges


Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil
.

Fervor de Buenos Aires (1923)

http://www.comunidadrussell.com/images/mails/fractal_navidad2.gif



miércoles, 9 de diciembre de 2009

La novela y el terror.




Este cuento que hoy comparto con ustedes lo escribí hace un año.
El mismo ya ha sido publicado en papel en una Antología de Cuentos en 2009.
Espero lo disfruten..., no teman el final, jajajaja.







"La novela y el terror"


"Esta noche es sólo para mí", pienso.

Todos duermen en casa. El perro no ladra desde hace un rato. La tortuga se acomoda en su rincón preferido del parque. A mis pies está sentado Francisco, un gato gordo y perezoso. En el invierno es un acolchado confortable, en el verano me vienen ganas de pegarle una patada y mandarlo al patio, al living, al mundo. La tranquilidad es plena.

"Bueno, y ahora qué..."


Me siento en ese viejo sillón de color negro, del negro de un miedo derramado. El mismo de siempre. Ese sillón emite un chirrido ensordecedor y tajante cada vez que se desliza. Siempre leo hasta muy pasada la medianoche. Sola. Cuando todo afuera está oscuro, oscurísimo. Y adentro todo huele a penumbra. Mi compañía es el gato. Y en todos esos momentos aparece un ruido con color a terror. El ruido empieza a hacerse sentir. Atraviesa mi piel, sin pedir permiso. Recorre mi cuerpo como si caminara por mis huesos. Me remonta a mi infancia y el correr frenético del viento avasallando todo a su paso, ese tiro disparado al aire, un grito desesperado pidiendo auxilio, los cuentos de ladrones de niños en el campo. El miedo se perpetúa en mi mente. Terror, miedo, pánico. Lo aguardo cada madrugada como el trueno ensordecedor después de la luz. Lo espero dubitativa, insegura, temblando. El sonido aparece cada noche y se presenta profundo, penetrante, insostenible.


Cuando la máscara de pánico desaparece para hacerse realidad salgo de mi escritorio. Enciendo una de las luces, el lugar se ilumina, el ruido corre y se va. Vivo varias veces esa secuencia de ruido-terror-luz. Me esfuerzo de forma inhumana para compenetrarme en mi lectura. Julián sigue durmiendo, los chicos también. Sostengo la novela entre mis manos, no logro entrar en ella, ni entro ni salgo. Me estanco en esa página. Todo me paraliza. Hasta las agujas del reloj parecen cercadas por el maldito. Cierro los ojos, intento discernir de dónde proviene. Cesa unos minutos y retorna. Retorna cargado con todo el terror de siempre. Con furor, con fuerza, con firmeza.

Logra avasallar mi tiempo, mis letras, mi mundo. El terror me tiene rodeada, rodeada a diestra y siniestra. Me inmoviliza. Quiero leer, las hojas se me hacen blancas, no hay renglones ni letras. Todo se enmudece. Oscuridad, silencio.

Cuando el gato se aleja de mí, el ruido llega a su punto culminante. Proviene de la casa, ahora estoy segura. Está ahí, en algún lugar. Me asfixia, me ata a la negrura nocturna. No puedo sostener más esta situación. Resignada intento mi lectura. Ni siquiera puedo distraerme con la mancha de humedad que aparece encima de la biblioteca, formando una figura similar a la de un dragón.


Luego de varios párrafos y dragones frustrados: El misterio. El animal gordo y perezoso está en la cocina, muy despierto. Me acerco y lo veo agazapado, sobre una rata negra, grande. Ese cuerpo y la cola larga me provocan náuseas. Mi susto me paraliza. Emito un grito desgarrador que no logra salir de mi garganta. Enmudezco. Miro. Tiemblo. El gato, cretino y sucio, en lugar de estar atacándola está viviendo con el roedor una situación amorosa.
¡Ese era el ruido!
El gato infame y la puta de la rata.

Agarro lo primero que tengo a mano, un palo de amasar. Intento separar a los animales. No lo logro. Siguen unidos por su amor. Tomo una espumadera medio rota, la sartén sucia de la cena. Con todo esto en mis alborotadas manos pego para todos lados. Tiro todo por el aire. La lucha es en contra de los dos enamorados. La rata trepa por la ventana que está semiabierta en la parte más alta de la cocina. Escapa, escurridiza y rápida. El gato queda desmayado contra el rincón del aparador inglés.

Ahora Francisco vive su vida triste y angustiado. Su amante ya no está.

Logro liberarme del ruido, del espanto, del terror. La novela elegida y la plenitud nocturna son mías para siempre.


GRACIELA BEATRIZ AMALFI.



martes, 1 de diciembre de 2009

Mi sonrisa dibujada.

Hoy comparto con ustedes este cuentillo que se me ocurrió escribir un día cualquiera...para un tiempo cualquiera...y para un tiempo dentro de mucho tiempo...




Mi sonrisa dibujada.


Elijo el salón perfecto ubicado en un barrio elegante, a mano de todo. Sobre una calle ancha, transitada, cerca de varias paradas de colectivos. De esa manera evito el pánico de los que temen andar por algunos barrios de la ciudad. Por la inseguridad de hoy, claro está.
El salón tiene varios ambientes, bien distribuidos. En uno de ellos están colocados unos hermosos sillones blancos aterciopelados. Cómodos. Para pasar una noche relajada. Sillones que me hacen acordar a los del living de mi casa con la única diferencia de que los míos son negros.
La gente de mi edad no sentirá el peso de las horas si están cómodamente sentados. Los más jóvenes, podrán ocupar las banquetas o los lugares para sentarse al aire libre.
Hay un jardín repleto de árboles y bien iluminado. Las enredaderas trepan por el infinito de las paredes. Sus vidas no tienen fin, continúan y continúan.
“Estacionamiento exclusivo, seguridad las veinticuatro horas, calidez y atención personalizada”, reza la oferta de la empresa por la que me decido. Acá se dibuja mi primera sonrisa. Me gusta mi elección. Al fin de cuentas me la merezco.
Quiero que todos estén cómodos, mis invitados y los que no lo son, porque siempre cae alguno a “caretear”.
Esta es una fiesta muy especial para mí. Ojalá todos se queden con el mejor recuerdo de esta fiesta.
Los primeros invitados empiezan a llegar. Cada uno viene a saludarme. Los recibo con una sonrisa dibujada, se acercan, me besan y algunos me abrazan.
Hablando de caretear. Ahí viene Julián, mi compañero de trabajo, ese imbancable tampoco se la pierde. Quisiera no saludarlo, pero al acercarse no tengo más que mostrarle mi sonrisa dibujada.
Me imaginé que una de las primeras en llegar sería Consuelo con sus pinturas sobresaliendo a su cara y Anibal, su marido, siempre gordo y mal vestido. Y sí, ahí están los dos entonando sus frases tan vulgares.
En la sala principal se encuentra el mobiliario más importante, el que no puede faltar. Realizado totalmente en madera de cedro natural con hermosos herrajes florentinos. Bordes ondeados y buen tapizado. De buen gusto.
Mis hijos se lo pasan alrededor de mí. Yo sé que llevo en mis huesos algo más de medio siglo, pero no es para que se me pegoteen tanto. Son muchas personas y me están asfixiando. Si pudiera escapar y salir corriendo dejaría tirada en el piso mi sonrisa dibujada.
¡Cuánta gente! De todas las edades.
Y yo sigo con mi sonrisa dibujada. Mi sonrisa parece estar dibujada sobre un mármol de carrara, se enfría a medida que corren con furia las agujas de los relojes. De todos modos estoy bien, radiante.
La fiesta recién empieza. Tenemos para unas cuantas horas. Es mi antojo, lo quiero así.
Quisiera que este agasajo durara una eternidad. Si pudiera amuraría todos los tiempos, todas las cosas y haría un stop en mi mundo de hoy.
La gente entra, sale, se mueve, va al jardín, toma un trago, come un sándwich. Más tarde llegan el café y las masitas finas.
Está entrando Marcela, es mayor que yo pero no se pierde una, quien la ha visto y quien la ve. Ese vestido a rayas con el moño rojo me parece horrible. Nunca tuvo buen gusto para vestirse, menos lo va a tener ahora que ya está algo vieja. Porque ésta siempre miente su edad, pero yo no me la olvido.
Al fin llega Martina mi compañera de secundaria. Bien escotadita que se vino la señora.
Desde mi lugar los puedo ver a todos y a cada uno. Escucho las risotadas de Ismael, siempre tan burdo. Podría ser un poco más caballero, dada la situación.
La música de fondo es tranquila. Preferiría ponerle más movimiento al entorno pero me dicen que no da para este acontecimiento. Tantos hombres y nadie se atreve a invitarme a bailar, tendré que ser yo la primera. Deben esperar que de la voz de largada. Me olvidé de comprar el cotillón. Convengamos que nunca me gustaron mucho las fiestas.
Todo lo adornan con demasiadas de flores. Eso no me gusta, no me interesan demasiado las flores. Esas calas que están en el jarrón pegado a la columna aquella me desagradan. Menos mal que hay unas rosas rojas de ésas que me gustan.
En toda fiesta siempre falla algo. Esto es muy común.
El desfile es mucho, van llegando todos los invitados. Parece que en este sábado a la noche no tienen otra salida más interesante.
Los miro a todos y a cada uno, siempre con mi sonrisa dibujada. Un bosquejo de sonrisa que se pasea por todo el lugar, abraza a algunos y abofetea a otros. Habla, pregunta, se inquieta. Es capaz de sentir a través de la piel los pasos de las agujas del reloj que tengo puesto.
Me estoy aburriendo de mi sonrisa dibujada. Estar así tan en pose para la presentación ante todos, me pone incómoda. Pero no puedo hacer otra cosa. La fiesta ya empezó y debe seguir hasta el final.
Corre un aire fresco que se asoma desde el jardín y me trae el aroma de alguna de esas flores que en cualquier momento me van a hacer estornudar. Mejor no me muevo mucho porque se me va a correr la pintura y tengo que dar una buena imagen. Así todos se irán felices.
Seguro que de más de uno recibiré una crítica o algún comentario nada halagador. La verdad es que no me importa, ya no me importa.
Amanece.
Las tazas de café corren como un río caudaloso hasta el precipicio más cercano.
Esas calas del jarrón parecen estirarse cada vez más para mirar mi cara. No me gustan nada, ni poco, ni mucho.
De repente se colma el lugar.
La fiesta está llegando a su fin.
Ya me acostumbré a mi sitio. Por suerte elegí un tapizado bien mullido con detalles que lo embellecen como es una puntilla elastizada blanca.
Se acercan dos caballeros con traje gris y moño negro. Para aliviar los instantes críticos realizan un moderno procedimiento de sellado que reemplaza a la tradicional soldadura.
Y sigo con mi sonrisa dibujada la que ahora encierran en mi féretro elegido.

GRACIELA-19-11-09

miércoles, 18 de noviembre de 2009

Ese mistico mar ...


En mi estadia en Mar del Plata me inspire y quiero compartir este poema con uds.





Vida que corre en las gotas que abandona la ola

Vida en el susurro nocturno de tu ir y venir

Vida en esa inmensidad que me abraza ,

Sentirme transpotada por tus misterios

por tus movimientos ritmicos, pausados

Conectarme con esa paz que el solo mirarte me lo provoca

Y adentrarme en mis ser mas profundo

Que danza al compas de tus movimientos


M.K

nov.09

lunes, 16 de noviembre de 2009

Espacio de cuentos




Espacio de cuentos...




Hoy leeremos un cuento corto y sencillo, al que llamé "La salida semanal".


Nació el 11 de noviembre de este año en mi escritorio.


Esperamos que su lectura sea placentera para cada uno de nuestros visitantes brugess.


Sin más preámbulos, ahí va...




La salida semanal.


Hola, seguro te sorprende esta carta. Bah, en realidad no sé si tenés capacidad para sorprenderte todavía.
Sigo bastante bien allá donde estoy desde hace años. Alguna vez fuiste a visitarme. Si, exactamente una sola vez. “Te hacía mal verme así”, decías. Sabíamos que los compromisos no eran para vos.
Siempre preferiste poner la otra mejilla y no el hombro para consolar. Yo al revés, prefería el hombro a la mejilla. Cuestión de zona del cuerpo será.
Bueno, te cuento que hoy me dejaron salir un rato. Ya hace un tiempo que me dejan dar un paseo sola. Una vez por semana, no más. Pero bueno algo es algo.
No estoy mal allá. Tengo mucha gente alrededor. Algunos hablan solos, o se ríen, o lloran. Yo los miro, y a veces los imito. Hablo sola, me río o lloro.
Al principio fue duro estar ahí.
Lo bueno del lugar es que tiene jardines hermosos llenos de rosas rojas, como las que me gustan. Y muchos ventanales. Mal no me tratan. Tengo comida, una habitación para mí y lo mejor fue que el día que me llevaron no me separaron de mis libros. ¡Cuántos que son! Los conté: doscientos cincuenta y uno.
Seguro te imaginás que los leo y releo mil veces. Y también sigo escribiendo. Para Navidad suelen regalarme alguna novela o unos cuentos, como saben que me gustan.
A veces leo algunos de mis escritos a mis compañeros, creo que
no me entienden, pero igual me aplauden.
Y así es mi vida hoy.
Yo hubiera querido venir antes a dejarte esta carta, pero viste que te digo más arriba que hace poco que me dejan salir.
Y no me pareció muy adecuado venir acá en la primera salida. No porque me faltaran ganas sino porque pueden llegar a pensar que estoy loca. Y no quiero que piensen eso, me da cosa viste. La locura nunca fue mi fuerte. Lo hablamos muchas veces, seguro que te acordás.
Me tengo que ir. Te dejo la carta en un sobre impermeable. El hombre de la librería me dijo que era impermeable y que el papel iba a durar un tiempo sin ajarse o echarse a perder.
Creo que te conté que hubiera venido antes pero es que recién empecé a salir hace unas semanas.
Está linda la lápida con tu nombre en letras doradas y aunque los claveles están marchitos no importa. Seguro que en estos días alguien vendrá a poner unos nuevos. Siempre lo hacen, así dicen.
No te pido que me contestes, no es tu fuerte la escritura. Y además si te pidiera que me escribas ahora, ahí sí que dirían que estoy loca y es capaz que me quitan las salidas semanales.
¿Te dije que me dejan salir una vez por semana desde hace un tiempo?



Graciela Amalfi.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Cuando...


Cuando voy alcanzando esa mirada ocre
que me da el crecer
con la sabiduría agarrada de sus piernas
Cuando mis brazos empiezan a sujetar menos
Cuando las miradas se me pierden
vaya uno a saber recordando que…
Cuando siento mas profundo, mas intenso, mas pasional
En ese mismísimo instante
me descubro mas viva que nunca
mas potente, completa ,briosa
Tal vez ese instante de nimia felicidad
me recuerde el autentico significado de vivir


M.K
Nov 09

sábado, 17 de octubre de 2009

ESPACIOS DE MUJER



Espacio de Hija


Imaginarte con tu sonrisa

Saberte potente, cariñosa

Madraza, inquieta,

Curiosa

Reconocerme en vos

En esos gestos que imagino,

que he recogido a lo largo de tantos relatos

y que arme minuciosa y apasionadamente

en muchos días de extrañarte …

Y seguir descubriéndome al descubrirte

al continuo recrearte de mi imaginación

que es ahí donde quiero quedarme,

ese es el instante

que suaviza la llaga de mi dolor



Espacio de MAMA


Lo vivencie desde el primer milésimo de segundo

Escuche sus latidos, vi sus ojitos que apenas podian abrirse

Acaricie sus manitas

Vi ternura infinita en su carita

El calor de sus cuerpecito,

Aspire su olorcito a vulnerabilidad

Y sin mas senti ….

Senti el ser mama, fue un sentir vital,

un sentir de adentro, ancestral, primigenio

Habia logrado dar vida al deseo mas profundo

que habia acariciado en mis sueños

Y ahí estaba yo

Con los ojos llenos de lágrimas

Y el corazón latiéndome con toda su fuerza

Agradeciendo a la Vida ….

Porque ese , era mi primer dia como mama



M.K



miércoles, 7 de octubre de 2009

Espacio entre amigas




ESPACIO ENTRE AMIGAS

Un espacio creado por las cuatro, así sin pensarlo, sin hacerlo, sin planearlo. Lo que sigue es un relato que encontramos en una hoja de papel muy blanca sobre nuestra mesa de todos los martes, en ese bar de la calle Monroe. Nos resultó divertido y por eso lo compartimos en nuestro blog.

“Me llamo Mariano, nací un día de diciembre de hace 31 años. Llevo dos años trabajando en un bar del barrio de Belgrano. Bar de mucho tiempo en el lugar, de muchos visitantes, los de siempre y los nuevos.
Hace algo más de un mes los martes a la tarde se reúnen cuatro mujeres, amigas ellas. Eligen siempre la misma mesa. Aunque no lo sepan yo trato que los martes a las 17.30 esa mesa de cuatro esté desocupada. Más de una vez tuve que distraer a alguna anciana malhumorada y hacerle ocupar otro lugar.
Identifico a estas cuatro mujeres como a “las del agua con gas”, suena tonto pero sucede que siempre me olvido del líquido inofensivo y noto en sus miradas un gesto de desesperación.
Llegan puntualmente de a una por vez. No piden nada hasta que llega la última. La última que no siempre es la misma. Café con leche, cortado, café en jarrito, tostadas y por supuesto el agua con gas. Me pregunto que misterio tendrá una botella llena con ese líquido para hacer que el color de sus palabras cambie si me olvido del envase vidriado. Vidriado y verde y con gas.
Hoy me pasó algo extraño, las empecé a mirar de otro modo, casi como a mis amigas de los martes. Creo que les estoy cayendo simpático. Las primeras veces me observaban como a un inútil que siempre se olvidaba la botella con agua.
Decía que pasó algo raro hoy porque me detuve a escucharlas. No sé si fue mi sola curiosidad o fue que ellas rieron más de la cuenta. Alguna de las otras tardes las he visto serias, pensativas, contenedoras. Sienten emociones que yo no puedo comprender, será porque estas emociones son propias de las mujeres. No lo sé.
La más joven está embarazada, por la panza que tiene no falta mucho para que otra mujer asome su cara en este mundo. A veces me pregunto si después del nacimiento seguirán viniendo con el cochecito también. Y la nena llorará, se reirá, tomará agua con gas.
Hay otra que es muy movediza, se para cada dos minutos porque su celular no deja de sonar. Se acerca a la barra y habla en un tono algo elevado que hace que yo pueda oir todo e imaginar lo que dice la voz desde el otro lado. Se mueve de acá para allá como si estuviera en el living de su casa.
Una de ellas tiene voz muy suave, sólo puede cambiarla si le traigo cortado en lugar de café con leche. Habla, aconseja, se preocupa, intuye. Un adolescente se dibuja en sus labios, pienso que debe ser su hijo.
Y la última llega siempre apurada, rezongando porque no sabe dónde estacionar la camioneta. También habla de hijos y de su trabajo. Su trabajo parece ocuparle mucho espacio en su cabeza.
Esas son "mis clientas" de los días martes de las 17.30 a las 20.00.
Hoy pasé un montón de veces al lado de la mesa, se reían mucho y mágicamente entré en su conversación, ellas no lo notaron. Tampoco notaron que volé en diagramas obscenos cuando hablaban de las cola-less, de los masajes en la zona abdominal que les hacían algunos muchachos, de las bikinis bien cavadas, de las remeras ajustadas, el tiro bajo de los pantalones.
El reloj marcó la hora de la despedida. Saludaron. Las saludé.
Me escondí detrás de la última ventana, la de la rendija rota, seguí mirándolas. Al mismo tiempo me preguntaba si esos cuatro maridos sabrán que eso es un “taller literario”.
En verdad me divierten mucho.

-Si, buenas noches. ¿Van a cenar? Enseguida les traigo la carta.

Tengo que seguir trabajando y esperar las historias del próximo martes.
La pucha que son interesantes las mujeres argentinas, especialmente cuando son esposas, madres y eternamente amigas.”

gba.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Espacio de cuentos






Un espacio donde la creatividad pondrá en marcha su motor invitándonos a transitar por el papel en blanco. Papel en blanco que será surcado por palabras de un hecho real o imaginario. Ficción, fantasía, historia.
Hoy nuestro espacio será ocupado por un cuento al que llamé "La fábrica viva".


La fábrica viva.


Todavía puedo imaginarme a esa fábrica viva. La recorro, subo sus escaleras, veo las maquinarias con su ruido quebradizo. Los obreros dando forma a mil figuras de plástico, de colores dispares, de tamaños distintos.
Recuerdo al capataz, a quien llaman “Don José”. El hombre con voz tenebrosa y fatigada dirigiendo a “su tropa”. Esa tropa fiel y contenta en medio del rodar de las máquinas y del acento de los motores.
Camino unos pasos más adentro y llego al depósito repleto de materia prima, lista para sufrir la más linda metamorfosis. Metamorfosis que le da vida a la nada.
Alguien saca de su mochila una cámara fotográfica de las antiguas. Todos posan al llamado del flash que absorbe las imágenes en blanco y negro.
Hoy esas fotos cuelgan de las paredes humedecidas por el abandono. Esas fotos llenas de vida de antes, de vida que no es.
Hay fotos de mujeres sonrientes de pelo largo, con la piel lisa y también de las otras , las de pelo cano y con surcos bien marcados.
Hay fotos de hombres serios, sin barba en su cara, pelo corto, sin bigote y también de los otros,los de pelo largo y lacio, con patilla ancha.
El tiempo va corriendo enigmático al compás de los despidos. Ya no son cien trabajadores, ahora son ochenta, ahí nomás sólo sesenta y así hasta el final.
La fábrica se cierra .Enmudece. Calla.
Miro alrededor. Observo el desconcierto, huelo el resentimiento, toco las cachetadas de la desidia de su dueño.
…………………………………………

Sigo avanzando en mi recorrido. Ya no imagino. Ya no pienso. Ya no es ficción.
Ahí en mi camino choco con unos cuantos, esos cuantos que todavía están. Son una veintena de personas que están escribiendo, pintando, tallando.
Esos cuantos son los mismos que hasta hace unos años vivieron de esta fábrica. Son los mismos que eligieron no perder su espacio, su lugar, su vida y están hoy enseñándoles a otros mismos a escribir, a pintar, a realizar figuras.
Me integro al grupo, les hablo, les pregunto. Me invitan a sentarme en una de esas sillas. Sillas que tiemblan al miedo impregnado en ellas. Charlamos. Cuentan la historia de cada uno de ellos, la de antes y la de ahora. Dicen que alguien quiso desalojarlos pero que ellos siguieron firmes cada uno en su puesto. Puesto de combate, puesto de valientes. Compartimos unos mates amargos, más historias largas y cortas. Contamos chistes para endulzar la yerba apretada por el calor del agua.
Tomo varias fotos. Fotos en colores y con una cámara digital, de las modernas, de las de ahora.
Debo irme. Termina la charla. Se vacían tres termos, se escapa un río de palabras. Abandono mi asiento gastado, el mismo que emite un quejido de despedida.
Los felicito por estar luchando por su espacio. Los aliento a seguir.
Me voy de esa fábrica llamada FADEP, fábrica de plásticos.Tomo el colectivo de la línea 71 y llego a la redacción con la nota escrita, fotografiada, vivida. Me están esperando mis colegas para diagramar una nueva revista. Revista que saldrá de la oscuridad en quince días.
Entre todos elegimos el título de la nota: “Estas cosas pasan hoy en mi país y sé que muy pocos las conocen”.


gba

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